Arte y creatividad

En Damanhur, todos descubrimos ser artistas

Un Pueblo de artistas
La obra somos nosotros

La vida es espacio en el que experimentar la creatividad.

Cultivar nuestras habilidades artísticas se considera un elemento importante en la formación de los damanhurianos. Algunos dedican más esfuerzo, tiempo y talento; otros lo viven más como afición. Lo importante es que todos reserven una pequeña parte de tiempo y de energía al artista interior.
Vivir con espíritu artístico permite añadir valor y significado a las acciones de cada día. Sobre todo, significa la constante superación del resultado anterior abriéndose a la intuición, a nuevas ideas y formas de vivir.
En Damanhur, la idea es que, de las muchas obras de arte, la más bella es la representada por los seres humanos. Vivir como un artista significa vivir con dedicación y espíritu creativo, imaginando y abriendo nuevas perspectivas, no sólo en el campo artístico sino en todas las áreas de la vida, para enriquecer la vida de los demás y la propia. Por esta razón, todos los damanhurianos se consideran artistas.
El espacio físico en el que vivimos es muy importante. La intención es crear lugares capaces de inspirar a todos, que hagan de atanor alquímico en el que el espíritu y la forma están unidos y los logros espirituales se manifiestan a través de la creatividad y la imaginación.
Damanhur en su conjunto puede considerarse una gran obra de arte.
Cada ciudadano recibe inspiración de los demás, y a su vez inspira a los demás. Cada uno es tanto protagonista como público, dependiendo del ámbito y del momento. El objetivo de crear arte es contar una historia hecha de pasión, compromiso, alegría y creatividad, que tiene lugar en el límite de la relación entre la dimensión humana y las demás formas de vida e inteligencia que nos rodean.

Arte y educación

Crecer en un ambiente creativo, para un desarrollo armónico.

En Damanhur, desarrollar la creatividad es una parte importante de la educación de nuestros hijos. En la escuela de Damanhur, la relación con el arte se cultiva en todas las edades, desde la guardería hasta los catorce años en la escuela secundaria. Después, van al instituto público de la zona, pero si lo desean continúan frecuentando los distintos laboratorios artísticos. A pequeños y jóvenes se les ofrecen las mismas experiencias que viven los adultos, adaptadas para hacerlas accesibles a las diferentes edades: la exploración de los propios talentos en todos los ámbitos, la integración de las expresiones creativas individuales en una obra colectiva, el uso de la fantasía para hacer frente a cualquier aspecto de la vida.
A los alumnos de la escuela les gusta mucho esta inmersión en el arte. Observan, dibujan, crean formas con la arcilla y con materiales reciclados; aprenden a tocar un instrumento y a cantar, escriben poemas, representan las historias que inventan juntos a través del teatro, la música y la danza. Hacen todo de forma divertida, revelando aspectos de sí mismos que pueden manifestarse libremente a través del arte.
A los educadores se les pide una formación artística y profesional y, por supuesto, la capacidad de enseñar de manera creativa, lo que no es difícil porque los niños son una inspiración extraordinaria.
La mejor demostración del valor educativo del arte es cuando los chicos al crecer toman lo mejor de lo que han aprendido de sus educadores durante los años y cultivan autónomamente y con espíritu creativo lo que han aprendido. Por ejemplo, los hijos adolescentes y jóvenes adultos que viven juntos en Casa Ragazzi, también conocida como la comunidad Milte, han formado un grupo de música pop llamado I piedi di Troll (los Pies de Troll). Las canciones, escritas por ellos, arregladas y tocadas juntos, se han convertido en una de sus formas preferidas para expresar opiniones, sentimientos e ideas acerca de la vida.