Visión espiritual

Un camino para despertar la chispa divina

Física Espiritual
Investigando la realidad

Observar la realidad a la luz de las Leyes Universales

La física espiritual observa los mecanismos que regulan la vida, los acontecimientos y todos los elementos que contribuyen al mantenimiento de este universo, a través de una visión mística y de la investigación personal. Los principios y las leyes se exploran con un método específico: a través de los propios sentidos y facultades, el investigador experimenta, aplica y corrige, descubre e inventa.
La física espiritual surge a través de un proceso dialéctico dentro de Damanhur. Su lenguaje es dinámico y está en constante evolución. Son frecuentes los encuentros en los que los damanhurianos debaten y se ponen al día sobre hipótesis y descubrimientos. A veces también se desarrollan "escuelas de pensamiento" que interpretan los mismos principios desde puntos de vista diferentes, generando ocasiones de reflexión adicionales.
Entre los temas principales están la cosmología, la física del espacio-tiempo, la estructura de la materia y las Leyes que sustentan el universo.
Del estudio de la física espiritual proviene la tecnología utilizada para intervenir en la sincronicidad, en el espacio y el tiempo, así como para intensificar y ampliar nuestras percepciones y sensibilidad, y para mantener un cuerpo sano.
La física espiritual toma en consideración el ecosistema sutil y al individuo en su complejidad física, energética y espiritual, así como tiene en cuenta las implicaciones filosóficas derivadas de sus principios.

El universo de las formas

Nuestro universo, caracterizado por la forma y el tiempo

La física espiritual supone que todo lo existente está atravesado por las leyes primordiales. Estas leyes, al encontrarse en una constante variación de flujos, generan diferentes planos de existencia, llamados "universos". Cada universo se define también como un "campo de leyes". Dentro de cada universo, no actúan las leyes primordiales sino las que se derivan de ellas, llamadas leyes derivadas.
En nuestro universo, conocido como el “universo de las formas”, hay ocho leyes en equilibrio paritario, que son: sincronicidad, átomo único, divinidad, esencia geométrica, matriz temporal, caída de eventos, caos, flecha de la complejidad.
De la interacción de estas fuerzas fundamentales se deriva el tiempo. El universo de las formas se caracteriza por la multiplicidad de formas, por la variedad, por la distancia entre una forma y otra, y por la interacción entre las formas y el tiempo. 
En nuestro universo, los mundos en los que hay vida están conectados por las líneas sincrónicas, un sistema de flujo de pensamientos, información y energía. Éstas han sido estudiadas por Falco Tarassaco desde los primeros años de Damanhur. Las líneas sincrónicas de la Tierra forman una red de dieciocho líneas principales e innumerables líneas menores. Damanhur y los Templos de la Humanidad están construidos en la intersección de cuatro líneas sincrónicas.

Tiempo “contenedor”

El tiempo es un reino natural, con muchas ramificaciones

La Física Espiritual considera el tiempo desde dos puntos de vista principales: como una secuencia de eventos, conectados entre ellos por causa-efecto, y como un "territorio" en el que todos los eventos están presentes y son contemporáneos, y en el que ya no rige la ley de causa-efecto.
En el primer caso, tiene sentido la idea de pasado-presente-futuro, como estamos acostumbrados, percibida con la lógica lineal. En el segundo caso existe un "eterno presente", en el que pueden desarrollarse infinitas secuencias de eventos posibles. Ambos supuestos abren a una serie de desarrollos importantes que llevan a la elaboración de teorías complejas sobre el tiempo y sobre la exploración del tejido espacio-temporal.
El tiempo, por otra parte, no es simplemente "algo que pasa", sino que es un elemento con características específicas, de acuerdo con los parámetros de peso, densidad y temperatura. En virtud de estas características, el tiempo es un verdadero "contenedor de eventos" que, junto con el espacio, hace posible el desarrollo de los acontecimientos.
El tiempo se considera en física espiritual como un verdadero reino natural. Junto con los reinos mineral, vegetal y animal, existe por lo tanto el "reino temporal": un ecosistema inteligente que interactúa con los reinos espaciales de acuerdo con leyes específicas. En el reino temporal se desarrollan ramas de tiempo diferentes, paralelas, áreas con flujos distintos y así sucesivamente. Se puede conocer y operar sobre el reino temporal gracias a la tecnología de las "semillas temporales", cuyo “cultivo” hace posible la orientación de flujos de eventos, el inicio de nuevas secuencias y la modificación de los efectos del pasado sobre el presente... Es incluso posible una teoría sobre los viajes en el tiempo, desafío que desde siempre apasiona a los investigadores damanhurianos.

La estructura del alma

Somos seres complejos que existen en diferentes planos

De acuerdo con la Física Espiritual, el ser humano existe en niveles diferentes: físico, energético y espiritual. Junto al cuerpo físico, de hecho, hay una compleja fisiología sutil en la que actúan los cuerpos energéticos, el aura vital, el sistema de las microlíneas, los chakras (llamados "adonajba" por los damanhurianos) y muchos otros órganos de los cuales es importante tomar conciencia.
También nuestra estructura del alma es una realidad compleja: dentro de nosotros conviven varias personalidades, y cada una se expresa con su propio carácter, visión, necesidades, idiosincracia y pasión, como verdaderos individuos por derecho propio.
Una especie de micro-comunidad interna que tiene que encontrar un acuerdo, una armonía entre sus partes, para que podamos vivir con serenidad y equilibrio nuestras vidas.
Cada ser humano alberga también una chispa divina, derivación de la naturaleza espiritual que aúna a todos los seres en el universo. Esto lo convierte en un ser-puente, capaz de acercar el plano material al espiritual. Hacerse conscientes íntimamente de la chispa divina significa realizar un camino evolutivo.
En el momento de la muerte, mientras que el cuerpo físico y los cuerpos energéticos se disuelven, la estructura del alma permanece y alcanza el umbral, una dimensión en la que, en ausencia de tiempo, las diferentes personalidades aguardan la oportunidad de una nueva encarnación.
La "iluminación" y la "metamorfosis" representan los objetivos del ser humano en su camino hacia el despertar y la conciencia de su función en el universo.